lunes, 26 de septiembre de 2016

Fe

“La fe puede ser sucintamente definida
como una creencia ilógica en que
lo improbable sucederá.”
Henry Louis Mencken

Siempre creí que Dios no existía o que se había olvidado de mí. Yo hacía las cosas como los sacerdotes, sin fe. A él le pedía con todas mis fuerzas que te pasará algo terrible, tan terrible que sufrieras tanto o más como yo he sufrido. Que te arrancara el corazón como a un perro. Que te cayera un rayo y te partiera en dos. Que perdieras la razón como yo estuve a punto de perderla. Y mírate ahora. Tan tieso y sonriente luces en tu ataúd de madera. Y yo me alegro. Me alegro tanto que estoy a punto de gritar y salir corriendo a la calle como una loca pero me contengo. Mañana entraré por la puerta de la casa y abriré las ventanas para que se vaya el olor a tristeza con el que me bañaba todos los días. Que se aleje el sabor a miedo con el que me alimentaba. Que huya para siempre tu presencia y el dolor. Mañana comenzaré a vivir mientras tú te pudres en la tierra que maldita estará de cobijar a una bestia que merece solo el infierno. ¡Y maldigo cada instante a tu lado!

            Disculpe, no lo escuché, estaba sumida en mis pensamientos. ¿De qué sonríe? Usted no lo conocía como yo, solo le diré que era un hombre que siempre sonreía. Tengo que guardar la compostura y fingir que debo parecer apesadumbrada, poner cara lánguida y llorar de vez en cuando. Que todos me miren y sientan compasión. Todavía escucho tus carcajadas rebotar en las paredes como tus puños sobre mí, y al final sonreías. Sonreías como quien gana una batalla o recibe un premio, y tiemblo, y mi cuerpo se convulsiona de solo recordarlo, me angustia creer que todo podría ser un sueño. Que abrirás tus ojos inyectados de furia y me verán, secuestrando la poca dignidad que me quedó. Que podrías ponerte de pie y gritar al cielo que soy solo tuya, como un animal a su dueño. Pero sé que el cielo es mío ahora, y todas las estrellas también. Porque Dios me ha escuchado y tomado venganza en mi nombre. Y mañana seré yo la que no deje de sonreír, tomaré el sol para quitarme éste color verdoso en la piel que me ha dejado el encierro, que vuelva a tomar color mi piel de iguana y sanen todas las cicatrices. Cerraré los ojos y respiraré eso que tanto me negaste: Libertad.

            Todavía recuerdo aquel día en que sonó el teléfono. Brinqué del susto. Por la tarde llegaste tan pálido como la lápida que he comprado en prueba de que alguna vez viviste mientras yo moría lentamente. Y ahí estabas en la cama. Sin poder moverte. Con los ojos turbios mirando para todos lados, apuñalando el viento al que no podías hacerle daño. En ése momento comencé a sentirme un poco feliz, porqué debes saber qué para alguien que jamás ha sido feliz es doloroso reconocer un sentimiento tan pleno. Dios, aquél al que tantas veces eché la culpa de mi destino, había escuchado mis lamentos. No creo en los accidentes. No fue una casualidad la bala que atravesó tu columna. Fue el dedo de Dios quien disparó en tan afortunado asalto. Fue Dios quien puso la bala cargada de odio y justicia. Fue mi fe.

            Nunca creí que pudiera sacar fuerzas para verte todos los días como un objeto, el objeto de mi desprecio y sentirme agradecida, y no sentir culpa. De verte entre la mierda y los orines, y casi siempre con hambre. No soy yo la que te dejó morir, fue la voluntad divina, yo solo fui una intermediaria. Poco a poco te marchitaste bajo la sombra de una habitación siempre en penumbras, helada y húmeda. Me mirabas suplicante como las ancianas cuando se postran frente al altar, y a veces llorabas. Entonces tenía que alejarme de ti porque eras un demonio buscando un alma frágil para confundirla. Tu mirada me hería, me atravesaba y calaba hasta los huesos, sentía desprender la carne de mi cuerpo. No tienes idea a qué sabe la venganza. Es como un sopor que sube por la espalda, como una descarga eléctrica. Una sensación de placer y poder que dura muchos días como el sabor dulce que aún tengo en la boca parecido a un perfume de nardos.

            Ahora me miran todos. Te miran cuando pasan a despedirse y voltean a verme confundidos. Nadie entiende y murmuran. Se meten sus silencios y palabras de áspid por mis oídos y yo solo finjo llorar. Siento sus ojos clavados en mí. Es mi último regalo por la vida tan desdichada que me diste. ¿Cómo? ¿No lo sabía? Fue su último deseo. Y yo debo cumplirlo, es mi deber. En la intimidad le gustaba vestirse de mujer y así será enterrado.

Perlas a los cerdos

No echar perlas a los cerdos es una figura retórica cuyo significado es muy simple: no dar el evangelio a aquellos que lo rechazan, lo manipulan a conveniencia. Dice Pedro que aun la puerca recién limpia siempre vuelve a ensuciarse. Así comenzó la mañana del sábado 24 de 2016, algo lluviosa y fría. En el metro Auditorio bajaron los cerdos con sus ropas limpias de inmaculado color blanco, pronto habrían de volver a la suciedad, ellos se hacían llamar Frente NAZIonal por la Familia; los otros con banderas arcoíris bajaron en Metro Insurgentes rumbo a la Zona Rosa, un espacio icónico dedicado a la tolerancia y las malas artes.

Según la paremióloga Kamila Tutáeva, investigadora de la Universidad de Kazán, Rusia, describe al puerco como una persona que hace el mal, que es grosera. De un lado habían los miles de porcinos y otras bestias que danzaban frenéticamente entre rituales de sahumerios  con olor a incienso, elevaban las manos al dios violento del Antiguo Testamento, casi transfigurado. La victoria alada en la figura del Ángel de la Independencia les daba la espalda, ofrecía los laureles a otro grupo que movía las caderas al ritmo de joteras canciones, todas eran reinas, princesas y princesos, ellos cuajados de guirnaldas y flores, flores que recordaban  un tiempo pasado y hippie; y en medio de ambos bandos la policía capitalina. Miles de policías y granaderos cuya única tarea no era otra que proteger a las maricas del odio de aquellos sambenitos y familias vestidas de Ku Klux Klan y puritanismo recalcitrante. Según los evangélicos fueron más de 400 mil almas puras y santas, pero sabemos que lo suyo es lo hiperbólico. Según las cifras oficiales no fueron más de 20 mil, aunque sabemos que lo oficial es subestimar. Lo cierto es que a ojo de buen drón, no hubieron muchos, ni de un bando ni del otro, menos del otro, muchos menos.

El cerdo es también una metáfora fraseológica del tipo zoonímico, asociada con la voracidad, gordura, suciedad y la imposibilidad. Culturalmente el cerdo es un animal impuro, despreciable, ignorante. Si la consigna del Papa Francisco era armar lío, también estaban dispuestas las maricas a armar otro tanto. A diferencia de las marchas intolerantes de los NAZIonalistas en otros estados y pueblos al interior de la República, en esta ocasión no lo iban a tener fácil, La Ciudad de México no se deja amedrentar, se preparó para recibir a la Puta de Babilonia con Orgullo y resistir el asedio. Las maricas al interior de Jericó no se mueven, no huyen, no se arredran ante las trompetas de los cerdos, la muralla sigue intacta, los Derechos no se apuestan. ¡Al César lo que es del César y adiós que les vaya bien! ¿A qué vinieron los santos entre los santos a meterse a la guarida del sodomita en Zona Rosa?

El Nuevo Imperio Gay ha defendido su territorio, el rayo homosexualizador es contundente. En la mitología, en la Suovetaurilia, dedicada  a la fertilidad y la purificación era un cerdo el que se sacrificaba en honor a Marte. La guerra ideológica había comenzado. El derecho a la felicidad por un lado y por el otro los intereses de la transnacional iglesia caótica, la ramera que infecta y muerde los talones, la infalibilidad del príncipe de esta tierra se había echado a la basura. Dios por un lado con toda su corte celestial y por el otro Marte, Venus, Eros, Cupido, Atenea. Virgilio profetizaba:

¡Cuántos creen allá arriba ser grandes reyes,

que aquí estarán, como cerdos en el barro,
dejando tras de sí horribles infamias!


            Llegaron por miles los cerdos en camiones, los acarreados de otras porquerizas se unieron a los locales para después ir a pasear a Chapultepec, a dar la vuelta y tomarse la foto encaramados en caballos de plástico con una torta bajo el brazo, creyendo que la vida es un danzón, viendo otakus en el Paseo de los Leones sin poder dar crédito (pecadores todos menos ellos), señalaban de un lado al otro como venados lampareados en la carretera. La ciudad les atronaba los sentidos. En la Ciudad de los Derechos no pudieron haber congregado a miles, necesitaban de la ignorante disposición de los aldeanos con sus provinciales costumbres de nunca preguntar el por qué, siempre siervos dispuestos a vender su alma por un viaje a la ciudad, hombres mujeres y niños, esclavos del señor feudal, del obispo, arzobispo y cardenal lisonjero y violento.

 En el evangelio de Lucas, Jesús exorciza a un hombre y los demonios toman posesión de los cerdos para después despeñarse. El despeñadero era Reforma. Vinieron, alabaron, protestaron, insultaron, violentaron y se fueron a sus templos de odio. ¿Qué me ves marica? ¡Sigue tu camino puto! ¡Te vas a condenar joto! Las maricas se quedaron, querían tomar el Ángel, defender sus posturas. Ellos ponían a sus hijos a sus espaldas, siempre protegiéndolos de la ignominia; los otros ponían a sus hijos al frente como la cruzada de los infantes, como carne de cañón.

También marcharon con el Frente NAZIonal por la Familia un grupo de Morenazis, hombres y mujeres que hubieran sido las primeras víctimas en la Noche de los Cristales Rotos. Seres malignos con la piel del color de la Guadalupana, con corazón del Tepeyac, hijos fieles al Nican Mopohua y también a las Leyes de Núremberg. Estos cerdos, Neo Morenazis mexicanos, hubieran servido de ejemplo para la Rassenhygiene. Porque en el Frente NAZIonal caben todos los que discriminan: racistas, homofóbicos, lesbofóbicos, misóginos, curas, católicos, cristianos, sectarios… He aquí cuando la ignorancia toma forma de porcino.

Pero también llegaron las feministas radicales y los anarquistas, primero con las maricas a ofrecer su brazo violentador y después a ponerle frente a los evangélicos, pero fueron encapsulados por los policías y nada pudieron hacer. Y del lado de los elegebeteros se escucharon todas la voces: una mujer heterosexual que ofrecía la ciencia como la única verdad y absoluta, otros con listas negras para exhibir la homosexualidad de sacerdotes como si fuera un crimen ser homosexual o sacerdote, algunos poniendo en duda el ciberactivismo en contraposición del activismo de a pie, de la lucha ideológica y docente de las redes con aquella que solo se consigue en las calles, otros más en plan protagónico, las actimismas que se ocupan y preocupan en confundir y separar a la comunidad rosa, algún empresario despistado (los demás no llegaron), Andreuccios traídos desde Perugia para el divertimento insano. 

 Fueron muchos los que se pronunciaron. Todos tenían claro que era un foro abierto, democrático, sin abucheos y respetuoso a medias: todas las voces.

Del lado de la mariconería habían intelectuales, posicionamientos de universidades, profesionistas, escritores, sacerdotes libres, obispos ecuménicos, travestis retadoras… Del otro lado miles de ignorantes que vitoreaban las voces de clérigos fanáticos, violadores, criminales; los fans de dios, los acarreados, los duros de corazón, los hipócritas, los sepulcros blanqueados… ¡Más Derechos y menos sacramentos!

Dios te salve María, madre de alquiler.

Llena eres con gracia.
El señor ha pagado tu vientre.
Bendita eres madre subrogada, entre todas las infértiles.
Y bendito es el fruto celestial in vitro de tu vientre.
Amén.


Holy Mary, madre de Dior,
Ruega por nosotros fashionistas,
Ahora y en la hora de nuestro presupuesto limitado.
Amén.

Padre nuestro,
Que estás en el Vaticano,
Santificadas sea tus obras criminales,
Hágase la voluntad de tus sacerdotes en nuestros hijos,
Así en los orfanatos como en los coros y confesionarios,
Los abusos de tus curas dánoslos hoy,
Perdona a nuestros hijos sensuales
Así como perdonamos tus actos de lesa humanidad,
Y déjanos caer en la tentación de tu entrepierna,
Mas líbranos del bien.




miércoles, 21 de septiembre de 2016

La vidente

Sé que él vendrá esta noche vestido de embriagada valentía como un Prometeo a la humanidad, a volver luz lo que es oscuridad, al menos eso es lo que él piensa. Pero mi mundo es oscuro sí, no porqué yo lo hubiera querido, se volvió un mar de tinieblas con los años, un pantano de aguas estancadas y mal olientes que carece de toda belleza y en donde la tristeza se ha sentado a esperar su fin, como un muerto en vida condenado a la horca, que mira la soga en que será colgado y nada puede hacer porque la condena ya fue dictada, solo resta esperar. En la espera a las mujeres se nos va la vida.

Hubo un tiempo que era luminoso como los días soleados del otoño, y los rayos de luz tocaban cada espacio y se abrían a cada paso por donde quiera que él pasara. Tal vez era su mirada que acariciaba mi piel y quedaba transfigurada bajo la lisonja de sus pestañas o al roce de su cuerpo.

Él vendrá con su mente confundida y atravesará el portal entre gritos y alaridos como si fuera un animal herido de muerte, la sospecha lo trastornará, la sospecha infundada que anida en su corazón de hombre. Ya bajo el cielo de la sospecha se han teñido todas las cosas, se han tejido todas las historias, han mudado de piel infinidad de veces y se ha colado el vicio de los días aletargados y violentos. Porque la felicidad ajena le hace daño y le corroe la piel como una maldición, como un veneno que le estrangula la garganta y le deja sin aliento.

Y entonces correré a la esquina del cuarto espantada como un perro, y pálida como la luna. Sentiré en el estómago la angustia que tirará de mi cuerpo aguijoneándolo en arcadas y sofocará el ambiente con grandes bocanadas de aire, aire rancio de días de encierro y sabor a humedad, a herrumbre, a miedo. Porque él me provoca miedo. Y el miedo es el alimento que me nutre. A veces quisiera echar a correr como una loca pero mis pies me tienen anclada, me sostiene una mano invisible y no me deja dar un solo paso.

Un miedo que se mete por entre mis pliegues desde las nalgas y recorre mi columna vertebral hasta la nuca y eriza los vellos mientras mis sienes palpitan estruendosamente como los tambores de un ritual que he soportado por tantos años. Pero mis ojos estarán fijos en la puerta. Por la puerta entra el mal.

Escucharé pisadas fuertes que dan contra las baldosas acercándose poco a poco como un loco que arrastra cadenas atoradas a sus tobillos y que muerden sus piernas como una bestia, y entonces comenzaré a temblar como una niña. Lo sé porque no he dejado de temblar desde que vivo a su lado. He contado las baldosas como quien cuenta estrellas, pero aún el cielo me está prohibido, conozco cada rincón de la casa, pero solo sus pisos. He vivido con la mirada siempre baja. Como si fuera un animal rastrero. Como una araña.

Entrará por la puerta como una bandada de aves negras y me encontrará escondida a un lado de la cama. ¿Por qué vienes a confundir una mente que vive entre el olvido y la ausencia? Ya no podré defenderme como hace algunos años cuando le gritaba y mis gritos le hacían entrar en razón, se le metían como la humedad a los ladrillos, y él me miraba con los ojos rojos, lívidos y llenos de lujuria mezclada con odio, y entonces él daba la vuelta y quedaba sin aliento.

Pero ya no es lo mismo porque he perdido la voluntad. Me levantará del suelo como si de un costal se tratara, y mi cuerpo se dejará hacer. Mis pies se elevarán como los de una santa yendo hacia el cielo y mis brazos quedarán flácidos, inertes viendo al suelo que tantas veces he tenido como último refugio, seré una piedad en mármol. Después habré de dar contra la pared como una bruja empalizada y condenada al infierno. Porque yo conozco el infierno, he vivido en él demasiado tiempo. El infierno es un tiempo sin tiempo en donde los minutos son años y los segundos sospechas, y culpas sin cuerpo.

Perderé la conciencia y cuando habrá los ojos él seguirá allí, de pie sudando como si recién hubiera terminado de bañarse. Tendrá entre los dedos grandes pedazos de mis cabellos, negros como la pez mezclados con sangre como los animales en los mataderos. Sus manos estarán manchadas. Grandes gotas de sangre por todos lados. En los pisos blancos dibujarán extraños presentimientos, las paredes asemejaran un tapiz de brocados con rubís e ilusiones. ¡La pared grita! Lo escucharé durante unos minutos más y sus palabras sin sentido atravesarán mis oídos. Sus palabras que hace mucho tiempo solo eran alabastro en mi corazón ahora son como agujas.

Y entonces vendrá el final.

El cuchillo abrirá mis entrañas. Al principio no se sentiré el dolor, nunca se siente. Es la visón de ver la sangre y el arma la que despierta los sentidos y después todo se altera. Se comienza por una punzada y después se activan todas las redes del dolor. Instintivamente me llevaré las manos al vientre pero no podré gritar. Un vientre seco, yermo de hace años y sin embargo vivo, es el corazón debajo de mi cintura.

Mi respiración se hará más lenta. Sus ojos se clavarán de nuevo en mí, y también otra cuchillada. Mis manos estarán divididas. El metal habrá cortado tendones y carne. El ambiente se cubrirá con olor a sal. La sangre huele a sal. La sal sabe a sangre, a lágrimas, al llanto de mujer, mujer y llanto somos uno. Los sentidos se volverán confusos. Mi visión será borrosa. Allí estará él, y su cuerpo tibio se pegará al mío. Sentiré como la sangre baja por mis piernas.

De nuevo el metal entrará, ahora por mi pecho, y con él también todo su peso. Su boca pegada a mí me dirá algo. Su respiración será muy fuerte. Me quedaré viéndolo. Eso será lo último que vea. Su rostro. Sus ojos perros. Después todo será oscuridad. La oscuridad a la que me he acostumbrado. Por fin estaré segura. Ya no habrá dolor.

Estoy de nuevo aquí en mi tumba de tinieblas. Escucho sus gritos en el portal. Viene de nuevo por mí.

® Oswaldo Calderón.


Cuentos De Viejas

viernes, 24 de julio de 2015

Una aproximación exegética del cuento La caperucita roja

Introducción

La cuentística infantil  a partir del siglo XVII, recogida de la oralidad y finalmente manifiesta en las diferentes versiones impresas, provoca en el lector una fascinación por la riqueza de sus elementos y formas. El género a través de la fábula o relatos maravillosos y fantásticos poseen una cualidad cuasi edificante, que sin llegar a ser exempla, si ofrecen dada su naturaleza y herencia del relato medieval, una postura social y cultural de la época. El cuento popular La caperucita, ofrece una posibilidad polisemántica enorme de ser analizada, ya sea desde su estructura interna y formal hasta los aspectos extradiegéticos, y que son éstos últimos y sus formas discursivas las que se analizaran de forma más extensa en este ensayo.

En este ejercicio hermenéutico, el análisis del cuento de La caperucita, proveerá los elementos suficientes para interpretarlo en el sentido “actual”, entendido este término como “tratar de explicar el significado vital que tiene un texto para nosotros hoy”. (Armstrong).  La traducción del cuento parece ser una versión que procede de la tradición oral y, escrita a finales del siglo XVII y principios del siglo XVIII; sin embargo, actualmente conocemos otras versiones muy estandarizadas de la diluida adaptación que hicieron Los Hermanos Grimm, donde el lenguaje y la simbología se perdieron bajo el afán de considerar un lenguaje más apropiado para el contexto de su época y adecuación para los convencionalismos de las Cortes reinantes. Sin embargo; resulta sumamente atrayente para su estudio el texto original, tanto por la riqueza de simbolismos, como el análisis de sus formas.

            Para el análisis del texto, se dividirá el mismo en oraciones o campos semánticos: en construcciones con significado pleno para escrutar en ellos los elementos propios para el análisis. Así mismo, echaré a mano diferentes disciplinas que servirán para que el estudio de los campos semánticos sea el adecuado y corresponda a la interpretación actual, cuyo objetivo es el de éste ensayo.
           
            Para que el lector se dé una idea del texto en su conjunto, se transcribe tal como aparece en su traducción:

“Había una vez una niñita a la que su madre le dijo que llevará pan y leche a su abuela. Mientras la niña caminaba por el bosque, un lobo se le acercó y le preguntó adonde se dirigía.
– A la casa de mi abuela, le contestó.
– ¿Qué camino vas a tomar, el camino de las agujas o el de los alfileres?
– El camino de las agujas.
El lobo tomó el camino de los alfileres y llegó primero a la casa. Mató a la abuela, puso su sangre en una botella y partió su carne en rebanadas sobre un platón. Después se vistió con el camisón de la abuela y esperó acostado en la cama. La niña tocó a la puerta.
– Entra, hijita.
– ¿Cómo estás, abuelita? Te traje pan y leche.
– Come tú también, hijita. Hay carne y vino en la alacena.
La pequeña niña comió así lo que se le ofrecía; mientras lo hacía, un gatito dijo:
– ¡Cochina! ¡Has comido la carne y has bebido la sangre de tu abuela!
Después el lobo le dijo:
– Desvístete y métete en la cama conmigo.
– ¿Dónde pongo mi delantal?
– Tíralo al fuego; nunca más lo necesitarás.
Cada vez que se quitaba una prenda (el corpiño, la falda, las enaguas y las medias), la niña hacía la misma pregunta; y cada vez el lobo le contestaba:
– Tírala al fuego; nunca más la necesitarás.
Cuando la niña se metió en la cama, preguntó:
– Abuela, ¿por qué estás tan peluda?
– Para calentarme mejor, hijita.
– Abuela, ¿por qué tienes esos hombros tan grandes?
– Para poder cargar mejor la leña, hijita.
– Abuela, ¿por qué tienes esas uñas tan grandes?
– Para rascarme mejor, hijita.
– Abuela, ¿por qué tienes esos dientes tan grandes?
- Para comerte mejor, hijita. Y el lobo se la comió.”
(Darnton, 1987)
(Paul Delarue y Marie Louis Tenèze, 1976).

Interpretación de La caperucita roja

I.                   El inicio y los elementos primarios

El cuento de La caperucita roja se suscribe dentro de la literatura de la fábula como cuento maravilloso debido a su naturaleza. Propp clasifica los cuentos de este corte en donde discurren seres mortales con animales, y con una subdivisión donde se halla “el enemigo mágico”, que en algunos cuentos puede ser un hombre dotado con facultades extraordinarias, pero en éste cuento en particular, se concentra en la figura del “lobo”, un lobo capaz de articular palabras y con negras intenciones. Los elementos constantes del cuento se señalan en el lobo del bosque que se come a la abuela, el gato con tintes morales y la caperuza un tanto inmoral; tres elementos que suceden rápidamente. (Propp, 1970).

“Había una vez una niñita a la que su madre le dijo que llevara pan y leche a su abuela.”

“Había una vez”, “Érase una vez”, la mágica frase de tres palabras con la que empiezan los cuentos, y desde que se pronuncia nos ofrece un universo intemporal, aunque en inglés es Once upon a time y en francés Il ètait une foi. El tiempo en copretérito nos ofrece una noción alrededor del aspecto u objeto que se va a enunciar y que se sitúa en el pasado sin concretar el inicio y el final de tal evento; de que lo que se va a contar pudo haber sucedido hace mucho tiempo y más allá, pero no en un tiempo cercano –pretérito- al que se enuncia. (Vázquez, 2007). Todo parece indicar que la frase fue acuñada por primera vez por Charles Perrault, “Il ètait une fois”, en 1694 y utilizada para Les Souhaitsridicules. La misma expresión es usada por el autor en Contes de ma mère l´Oye, subtítulo del libro Histoires ou Contes du Temps paseé. (Perrault, 1968).

Enseguida de la expresión mágica, aparece nuestro personaje principal del cuento: una niña; no se le nombra, ni tampoco su edad pero podemos seducir la mente y aventurarnos al mundo de las conjeturas para armar un perfil más completo. La niña no parece ser expósito; aunque estos niños abandonados en la Francia del siglo XVIII y anterior no gozaban de privilegios al ser de la ciudad y villas o pertenecer a las zonas rurales, y de igual forma eran expuestos a la orfandad dadas las condiciones de miseria. (Darnton, 1987).

Con respecto a la edad, según Darnton, los niños eran considerados aptos para el trabajo recién se ponían de pie, ayudando a los quehaceres de la casa, recogiendo leña o dando de comer a los animales; la niña debe rondar una edad suficiente para habérsele considerado independiente y profanar el bosque que ya conocía. (Petit, 1997, pp. 180-190). Si la niña del cuento ya hubiera tenido su menstruación, no se le hubiera permitido salir y andar libremente por el bosque; con la regla llegan las responsabilidades propias de la mujer y se les ataba a la casa como forma de control, los tabúes eran moneda de uso corriente con respecto a la sangre; según algunos mitos, la sangre de la menstruación o la mujer que estaba reglando, podían echar a perder las cosechas, malograr los animales y envenenar las comidas. Sin embargo, más adelante en el cuento hay una elección simbólica que denota claramente que la niña ya había tenido su regla y estaba preparada sexualmente y dispuesta a ejercer su sexualidad.

La niña es el símbolo de la inocencia, la etapa anterior a la falta, un estado edénico; la simplicidad y lo natural; el niño es espontaneo y curioso. (Chevalier, Jean. y Alain Gheerbrant, 2009, pp. 752-753). La niña es el arquetipo del misticismo, el símbolo del futuro para Jung. (Jung, 1968). La niña del cuento tiene por lo menos una madre y una abuela; del padre no se menciona nada, aunque seguramente tiene uno que trabaja todo el día de sol a sol como todos los padres del época; probablemente un padre leñador y muy cercano a la única hija que tiene. Aunque la anterior aseveración estira por mucho las funciones de la interpretación, es menester para probarla, echar mano de la literatura comparada y establecer otros sucesos similares que demostraría la generalidad del hecho y no como suceso marginal, desde la postura de François Jost: "One may proceed by deduction or induction, rely on documents or detect analogies.”(Redondo Olmedilla, 1997, pp. 951-969), de tal forma que, tenemos como ejemplos de padres leñadores en los cuentos infantiles de la época a Hansel y Gretel, El leñador y el duende, Pulgarcito, etc.

  Todo sucede en la mañana, cuando la leche recién ordeñada y el pan horneado están listos para ser consumidos. La madre es el arquetipo de una imagen deformada para el niño, el símbolo de lo inconsciente; la madre amenaza el desarrollo del infante, es la atadura del vientre al crio. La abuela o la gran madre. El arquetipo de la abuela que posee todo el saber y es al mismo tiempo el arquetipo de la bruja según Jung. La niña tiene que abandonar la figura de la madre y trasladarse hasta la casa de la abuela; corta el vínculo materno y la sobreprotección para ascender bajo la sombra de un arquetipo mayor, la ascensión de rango; la distancia entre lo consciente y lo inconsciente; la destrucción del lazo materno de raíz. (Heras, 2008).

La niña lleva el pan, alimento esencial a la abuela, lleva la vida eterna que será arrebatada bajo la traición al matriarcado y al mismo tiempo se convierte en la figura del Dios Pan, ágil, astuto y bestial; de ahí la palabra “pánico”, el terror profundo de la propia naturaleza, el sentimiento de una presencia no humana. (Chevalier, Jean. y Alain Gheerbrant, 2009, pp. 797-798). La leche es símbolo de la excelencia del alimento espiritual. La leche es la inmortalidad. (Chevalier, Jean. y Alain Gheerbrant, 2009, pp. 631-632). La niña del cuento lleva a su abuela la esencia de la vida y el terror, a una abuela que necesita paz espiritual.

II.                El bosque

“Mientras la niña caminaba por el bosque…”

El bosque es un lugar mágico y recurrente. Partiendo desde el reconocimiento semántico del objeto y su interpretación, tenemos inpresentiu al “bosque” como el elemento físico y tangible a partir de la interpretación de Todorov, pero también existe una literalidad relacionada in absentia que establece una conexión simbólica. (Guzmán Moncada, 1998). Según El libro Ilustrado de Signos y Símbolos, el bosque es el lugar que representa el inconsciente donde todos los peligros confluyen. (Bruce-Mitford, 1997, p. 36). Pablo Neruda en su poema El cazador en el bosque, lo define como un ser animado y feroz que no se detiene:

Esa raíz debe nutrir mi sangre.
Otra encrespada, abajo,
es parte poderosa
del silencio,
se impone como paso de reptil:
avanza devorando,
toca el agua, la bebe,
y sube por el árbol
la orden secreta:
sombrío es el trabajo
para que las estrellas sean verdes.”
(Neruda, 1997).



III.             El lobo

“…un lobo se le acercó y le preguntó adonde se dirigía.”

El lobo es un elemento entre los mejores estudiados dentro de la simbología y que eluden a un pacto con Satán en la cuentística medieval: sin embargo, hay criaturas feroces que rompen con la cualidad de maldad, como la loba que alimentó a Rómulo y Remo. En el antiguo testamento eran tomados como los protectores de los hombres, y se amansaban ente la presencia de Francisco de Asís. (Montero Agüera). En las fábulas los animales tienen cualidades maravillosas como el poder del habla e incluso tienen características propias de los humanos, son capaces del engaño o la bondad. Tenemos muchos ejemplos en la cuentística de todos los tiempos desde Las mil y una noches, hasta La granja de los animales, de Orson Wells. Desde una visión más pragmática y simbólica del lobo, en las regiones de habla española, representa la depredación, la maldad y la astucia. (Vyshnya 2005, pp. 193-194). En este cuento, el lobo es una figura educada y lasciva, dotada de un poder seductivo muy fuerte que define el sentido de la diégesis: el cuento tiene tintes sexuales, pedófilos y antropofágicos.

El lobo es la manifestación de la sexualidad reprimida: “Lo monstruoso hace que salga a la luz lo que se quiere ocultar o negar.” (García Cortés, 2003). Dentro de la tipología que establece Borges, el lobo entra en la clasificación de lo “deforme” en tanto que viola las leyes establecidas física y moralmente, tiene un sesgo de “malvado”, del tipo Aníbal Lecter del Silencio de los inocentes, de Thomas Harris. (Borges, 1979). El animal como elemento simbólico de lo monstruoso funciona como un doble reflejo: “al sentirse formar parte del mundo natural y a la vez distinto de él, por un lado constituye un “soporte conceptual de la diversidad social”. (Sariols Persson, 2012). El lobo como animal juega un papel muy importante en el desarrollo de la narración; dentro de las funciones que describe Propp para el cuento maravilloso, encontramos:
1.       Al lobo como el agresor que engaña a la niña vestido de la abuela para apoderarse de su virginidad.
2.      En complicidad con ella, la niña se deja engañar en el rol sexual al que está sometida y colabora en el rito de iniciación y perversión.
3.      Hay una fechoría que se comete al asesinar a la abuela, pero también hay un detalle extra: la niña también comete un delito moral al comer la carne de su abuela. (Propp, 1970).

IV.             El rito de iniciación


“– ¿Qué camino vas a tomar, el camino de las agujas o el de los alfileres?
– El camino de las agujas.”

Pareciera que ha simple vista los dos caminos son iguales y no hay mucha diferencia en cuanto a la elección; sin embargo, desde la simbología de los objetos, se da por hecho que “escoger entre un camino u otro significaría escoger el camino más fácil; por eso, elige el camino de los alfileres, tal y como se explica en una de las versiones, es más fácil unir las cosas mediante alfileres que coserlas con agujas.” (Ana, 2014). Las agujas y los alfileres tienen una connotación sexual y tienen que ver con el rito de la virginidad. Cuando las niñas entraban a la edad de la pubertad eran enviadas con las costureras locales y de esta forma se les dejaba de considerar como niñas y más como jóvenes. Los alfileres simbolizan la virginidad en tanto que las agujas son los elementos simbólicos de la madurez sexual. (Pepe, 2010).

Resulta sumamente peculiar que la niña del cuento elija el camino de las agujas, de esta forma le dice al lobo que está madura sexualmente y dispuesta. La elección es primordial en cuanto a la didáctica del texto. Un camino lleva por las normas morales establecidas y el otro se dirige a aquellas que son inmorales. El camino elegido es al mismo tiempo el camino a la iniciación. Podemos suponer y sólo sería una elucubración, que los niños de la época entendían, sobre todo las niñas que vivían dentro del uso y costumbres de los lugares rurales, el sentido de los objetos mencionados.

V.                Los elementos sacralizados


“El lobo tomó el camino de los alfileres y llegó primero a la casa. Mató a la abuela, puso su sangre en una botella y partió su carne en rebanadas sobre un platón. Después se vistió con el camisón de la abuela y esperó acostado en la cama.”

El lobo toma el camino de los alfileres que es significa simbólicamente estar listo para tomar la virginidad de la niña. La abuela asesinada por el lobo establece el rompimiento de la niña con las ataduras de su infancia, con la seguridad y ofrece la independencia en un acto liberador. El arquetipo de “La gran madre” descrito por Neumann, se establece como el símbolo original del tiempo, en ella coexisten en armonía todos los opuestos. “Ella se esmera por producir un individuo bien equilibrado que, más tarde en la vida, él exigirá su independencia para funcionar en el mundo por su propia cuenta.” (Neumann, 2009).

El pan y la leche son elementos que se transmutan en la sangre y la carne, lo que se bebe y se come; son objetos que están relacionados con los rituales de iniciación: “El hecho de comer y beber de la abuela simboliza el alcance a la madurez y absorber su poder.” El hecho se sucede en la casa de la abuela que es al mismo tiempo un lugar “seguro”, que dentro de la simbología se establece como un espacio protegido. (Pilar Ballesteros, 2012). Por otro lado, dentro de la simbología cristiana, se establece como el color de la sangre y la carne, al rojo: figuras del pecado que sólo pueden ser lavadas con la sangre de Cristo. La desacralización del cuerpo místico señala el rompimiento con cualquier forma de canon y dogma. (Goff, 2005).

La sangre es también asociada a los buenos valores, lo bello y la generosidad, considerada universalmente como “el vínculo de la vida”. (Chevalier, Jean y Alain Gheerbrant, 2009, pp.909). De tal forma que romper con el vínculo primordial en el rito de iniciación es importante: sangre correspondiente al lazo espiritual que se rompe con el asesinato de la abuela. La carne por otro lado, posee un sentido moral que es fundamento natural para luchar contra los desordenes, la carne pertenece al terrenalidad y por lo tanto es corruptible. (Chevalier, Jean y Alain Gheerbrant, 2009, p. 252).  En el reconocimiento de la transexualidad, el lobo se traviste de la abuela con el afán de ocupar ese “otro” cuerpo reconocible por la niña; sin embargo, se pueden establecer como la “fórmula en términos edípicos, ya que presenta a Caperucita como la niña que ha llegado a la pubertad y procura seducir al lobo padre.” /Brum, 2010).


VI.             La antropofagia


“La pequeña niña comió así lo que se le ofrecía; mientras lo hacía, un gatito dijo:
– ¡Cochina! ¡Has comido la carne y has bebido la sangre de tu abuela!”

El gato aparece como punto de inflexión y figura moral del relato, realiza una advertencia a la niña en su calidad de testigo presencial de los hechos y al mismo tiempo la condena, no la victimiza. Los animales con características y valores humanos son muy vastos dentro de la cuentística. En este caso el gato, a pesar de su simbolismo heterogéneo, representa el estado natural de lo que debe ser correcto y propio, es el eje moral y didáctico del cuento.

“El gato, animal con cualidades humanas, parlante típico de los cuentos de hadas y, en este caso con la función-oposición al agresor. Identificado con el espectador-lector, ve aquello que la protagonista no es capaz de descubrir, siente verdadera repulsa por estos actos de canibalismo y augura un terrible final.” (Guardia Calvo, 2007).

A pesar de que en la mayoría de los cuentos medievales que han sido publicados, y que viene de la tradición oral, en su mayoría se han suprimido los hechos de canibalismo por razones sociales, culturales y morales, el relato presenta con crudeza un hecho sorprendente de antropofagia.

“El canibalismo es suprimido en la versión de Perrault pues en una época donde se comenzaba a considerar la noción de infancia como un periodo de la vida humana diferenciado de la edad adulta, con todas las consecuencias pedagógicas que esto arrastra, se comenzaba también a ahorrar a los niños estos detalles truculentos.” (Linares Valcárcel, 2006).

A la niña del cuento no parece importarle el haber comido la carne y sangre de su abuela. En una inversión maternal, la niña se come a la vieja y con ella todo aquello que la ata al mundo del las normas. Para Oswald de Andrade, la antropofagia se establece en contra del determinismo y en favor del misterio, sin importar lo demás, como un acto de emancipación contra los valores establecidos. (Andrade, 1928).

VII.          El discurso dialógico


“Después el lobo le dijo:
– Desvístete y métete en la cama conmigo.
– ¿Dónde pongo mi delantal?
– Tíralo al fuego; nunca más lo necesitarás.
(…)”
            En el discurso dialógico que tienen el lobo y la niña existen muchos rasgos a analizar. Los elementos apuntan en su mayoría al carácter sexual de la escena. La niña parece encantada con el aspecto del lobo cuando se mete desnuda a la cama con él, no hay repulsión por el aspecto del mismo, sino admiración por las partes enormes y varoniles del ser con el que está acostada, elementos corporales que desde una interpretación psicoanalítica, son fálicos. (Brum, 2010). El rito de iniciación se establece con una especie de striptease, que procura incitar las normas y quebrantarlas al pasar de una situación infantil a la de una mujer con plenos derechos sexuales. El apetito del lobo no es carnal estrictamente hablando, sino sexual. (Ballesteros, 2012).

            Las prendas que se quitaba la niña eran echadas al fuego. El fuego establece el principio purificador del rito, asociado a su principio antagonista; también simboliza la acción de fecundidad, pero tal vez su aspecto más importante en cuanto al relato se refiere, debe ser su característica renovadora: la destrucción de la infancia y sus norma y conductas por una nueva forma de asociación sexual con nuevas formas asumidas desde una conducta más madura. (Chevalier, Jean y Alain Gheerbrant, 2009, pp. 511-514). El rito iniciático de la “desfloración ritual” tiene orígenes muy antiguos; así el poeta Calímaco relata que las muchachas vírgenes eran conducidas al templo y al día siguiente iban por ellas convertidas en mujeres. El sacrificio ritual procura elementos primarios, que en este caso es el fuego. En el ritual se descubren patologías infantiles: la figura del lobo es la del padre con actitud lasciva, en el ensayo Historia de una neurosis infantil (Caso del “Hombre de los lobos”), de Freud, comenta con respecto a dicho desorden similar: “Su último fin sexual, la actitud pasiva con respecto al padre, había sucumbido a una represión, siendo sustituido por el miedo al padre bajo la forma de la fobia al lobo.” (Freud, 1914-1918).

VIII.       Conclusiones


“Para comerte mejor, hijita. Y el lobo se la comió.”

            El final del cuento es de carácter moralizante. Los niños esperaban el final, sorprendidos. Comerse a la niña no sólo en sentido real, sino figurado, un juego semántico: “También se habla mucho de la metáfora de «comerse a alguien», en locuciones como «la pequeña está para comérsela»”. (Shojaei, 2012). Este ensayo sólo ha pretendido mostrar desde muchas disciplinas, un ejercicio interpretativo a fin de demostrar la infinidad de elementos y riquezas que poseen los cuentos infantiles. Analizar los códigos de los textos literarios es menester del literato, descubrir y escrutar la naturaleza de los mismos provee las herramientas suficientes en la construcción de la identidad, desde sus propiedades extradiegéticas y aquellas formales. La caperucita se presenta como uno de los paradigmas trascendentales de nuestra época. Su intención didáctica y moralizante permea casi todos los ámbitos sociales y culturales, sus elementos crean valores y señalan aquellos que son impropios para los niños, su virtud edificante y pedagógica influyen en la infancia. Es el cuento un crisol de ideas y símbolos que, desde el imaginario literario, se anclan en la cultura. En la subversión de valores resulta importante en la modernidad como elemento literario, a pesar de que sus versiones hayan sido diluidas bajo la premisa de una falsa o doble moral.



Bibliografía

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miércoles, 1 de julio de 2015

Ángel

Ángel de mi guarda, dulce compañía… Venían de todas partes a verlo, mujeres con las manos cuajadas de velas y cera derretida entre los dedos como candelabros antiguos, mientras caminaban en procesión se contaban los chismes, abrían las bocas y se las tapaban enseguida, se maravillaban y continuaban a paso cerrado; los hombres se quitaban el sombrero y miraban al cielo nublado de nuevo, buscaban respuestas, y luego miraban a la tierra fangosa donde encontraban más preguntas; los niños corrían en manadas y de pronto se detenían como perritos de pradera, abrían sus ojos y se levantaban de puntillas sobre los zapatos llenos de barro, y después volvían a correr animando a la multitud a acercarse. Ay los niños, tan tiernos y ciertos. …no me desampares ni de noche ni de día. ¡Un ángel que el señor nos mandó!, decían algunas mientras todos asentían con grave rostro. Cuando terminó de llover, ay viera, se abrió el cielo, unos rayos, pero el cielo sigue igual, sólo fue un momento, ¿verdad que lo vieron? Claro que lo vimos, como si del cielo cayera. Toda la noche en trabajo de parto, ay viera usted, hartos dolores y nada más no venía. Las horas que pasan, las horas del día… Ay viera de verlo, se mira tan inocente. ¡Pero si es un inocente! ¡Claro qué lo es! ¿Qué cosas digo? Y mire usted, blanco como la leche de cabra y los ojos negros como el carbón. Los niños parecían churumbeles y daban vueltas para todos lados sin llegar a ningún lugar, batían las palmas de las manos y cantaban. No me dejes solo, sé en todo mi guía; sin Ti soy chiquito y me perdería… Cuando entraron por fin al cuarto lo vieron, en realidad lo sintieron, una atmósfera de paz les entraba por los sentidos y se sentían como elevados, a algunos les flaqueaban las piernas y se tomaban de los brazos de otros. La madre descubrió la parte inferior del recién nacido quedando desnudo por completo. Oh madre amadísima de tiernos abrazos y dulces manos, de incondicional amor y entera en todo momento. Ven siempre a mi lado, tu mano en la mía. ¡Ángel de mi guarda, dulce compañía! ¿Es normal? ¡Calla insolente! ¡Así es como debe ser! ¡Los ángeles no tienen sexo!


Publicado en Revista Urbana, editor Cristóbal Marroquín, Gdl., Jalisco, México, Junio de 2015.


Colección de cuentos: Abominaciones y otros monstruos  

lunes, 8 de junio de 2015

Mientras el lobo no está

Casi nunca hay nada que hacer, correr por aquí o por allá, saltar y maullar, ocasionalmente atosigar a los ratones aunque no soy bueno para cazarlos, cada vez son más listos y escurridizos, de cualquier forma no me gustan, saben a aserrín y tienen poca carne, en términos generales soy un buen y ordinario gato. 

       Ése día, sin embargo, no fue nada ordinario. El tiempo era agradable y mientras disfrutaba de un buen baño de sol tendido en la ventana, los pelos se me erizaron desde la cola hasta las orejas. Lo vi llegar como una sombra entre los árboles. Rápidamente salté hasta la mecedora de la abuela en sus piernas, y maullé tan fuerte como pude pero ella estaba profundamente dormida, desde hace años que solo duerme, come y vuelve a dormir, yo digo que no es vida. 

      Pobre mujer que no sabía del peligro que estaba por llegar. Encajé las garras en sus piernas y lanzó un grito, eso fue lo último que hizo mientras unos enormes dientes se cerraron en su cuello, yo creo que tuvo una buena muerte, ni siquiera se enteró que el lobo la mató. Hay ancianas que pierden la voluntad con la edad o se pierden en el bosque confundidas y otras quedan postradas como las gallinas cuando duermen en la noche.

       Hubiera terminado yo también en las fauces del lobo, pero soy ágil y a una bestia de su tamaño qué le puede importar un pequeño animal como yo. El lobo no perdió el tiempo, desnudó a la abuela y tranquilamente empezó a comérsela aunque no había mucho que comer, poca carne, mucha piel como la corteza de un árbol, y pequeños huesos. Mientras el lobo comía yo me terminaba mi cuenco de leche. Las partes de la abuela que no le gustaron las metió en los frascos vacíos para la mermelada.

            Levantamos las orejas al mismo tiempo el lobo y yo. Ésa canción me era familiar. El lobo comenzó a vestirse rápidamente con las ropas de la abuela, ¡uy, pero qué gracioso se veía! Yo salté a la ventana y vi acercándose a la niña, la nieta de la abuela con su capa roja, cantando como siempre la muy idiota, yo no le gustaba, siempre me daba con la escoba o me amarraba cosas a la cola. 

      Cuando entró a la casa dejó la canasta encima de la mesa, me acerqué a husmear y estaba vacía como siempre, la glotona se había comido todo en el camino, me dio un manotazo que devolví con un arañazo y bufido,  y volví a la ventana. Se acercó a la “abuela” y supuso que estaba dormida. Vio los frascos repletos de carne fresca y abrió uno, poco a poco a grandes mordidas daba cuenta de lo que quedaba de la abuela.  Me acerqué y le dije:

—¡Sucia, te estás comiendo a tu abuela! ¡Puerca!

Ella sólo se chupó los dedos y puso los otros frascos en su canasta. Se desnudó, metió a la cama y escuché que le decía al oído al lobo: ¡Oh, pero qué ojos tan grandes tienes!

Ya había escuchado suficiente, incluso para un gato, aproveché para largarme. En alguna parte encontraría a una abuela y un buen plato de leche mientras el lobo no está.



Colección de cuentos: Cuerpos expuestos